Páginas

29 de enero de 2012

SALUD DE LAS PREPAGO Y DEMÁS PROSTITUTAS

La mayoría gozan de aparente buena salud, se ven rozagantes, saludables y briosas. No obstante, en la mayoría de ellas se esconde y acecha un importante número de enfermedades potenciales, algunas de las cuales (no todas, desde luego) pueden empezar a revelarse o a exteriorizar sus síntomas cuando sus portadoras se encuentran alrededor de los 40 años (antes o después).

Lo anterior, es dado por el inmenso número de gérmenes patógenos que estas personas acopian durante el desarrollo de su trabajo o la prestación de sus servicios.

Gérmenes patógenos hay de cuatro tipos: bacterias, virus, hongos y parásitos. Son los causantes del 99,5% de las enfermedades. Enfermedad es la manifestación sintomática del daño producido por alguno o algunos gérmenes patógenos.

Solo una parte de los gérmenes patógenos producen la enfermedad a los pocos días de su ingreso en el organismo; la mayoría, primero moran en el cuerpo humano durante algunos años, a veces muchos y en diversas oportunidades nunca llegan a manifestarse.

Todas las personas, absolutamente todas, son portadoras de gérmenes patógenos que aún no se están revelando a través de alguna enfermedad manifiesta. Pero unas personas respecto de otras, portan mayor o menor cantidad de gérmenes patógenos, dependiendo de la higiene con que hayan manejado sus vidas o de la cantidad de contactos o exposiciones a contraer o recibir estos micro-organismos.

El oficio de la prostitución es, por excelencia, una de las actividades con mayor riesgo de recoger, acopiar y acumular una inmensa diversidad de gérmenes patógenos. Gérmenes que ingresan en el organismo de la persona a través de:
1° El intercambio de besos con multiplicidad de personas (los clientes),
2° Los diálogos con extraños con demasiada proximidad entre las bocas (aliento),
3° El contacto piel a piel de zonas húmedas y sudorosas, especialmente las áreas genitales,
4° Los frecuentes contactos oral-genitales, oral-anales y oral-piel (de cualquier parte) que se realizan con los clientes,
5° El consuetudinario manoseo de los genitales propios con manos y dedos sin higienizar,
6° La permanente manipulación de genitales húmedos ajenos,
7° La reiterada y frecuente utilización de extrañas sábanas, almohadas, cobijas, duchas, pisos e inodoros impropios y muchas veces inadecuados.
8° Y, obviamente, las esporádicas penetraciones sexuales sin preservativo.

A excepción de una muy mínima cantidad, la presencia de estos gérmenes patógenos que aún no han pasado a la categoría de enfermedad, no son detectables mediante los exámenes rutinarios de sangre. Algunos porque se alojan en órganos específicos y otros, sencillamente porque no están siendo rastreados ni buscados por la lente del bacteriólogo; pues, en cada examen específico de sangre, el laboratorista busca o rastrea una célula específica y, para esto, utiliza ceñidamente los reactivos y los métodos definidos. El resto de células vivas necesariamente deben pasar inadvertidas como parte del torrente sanguíneo.

La clase y tipo de enfermedad que se pueden alojar y esconder como al asecho en todos estos micro-organismos patógenos; son, sencillamente, cualquiera de las conocidas, de baja, media o alta gravedad. Absolutamente cualquiera, sin salvedad; pues solo a excepción de algunas enfermedades causadas por daño a ciertas células del sistema nervioso y algunos taponamientos del sistema circulatorio, absolutamente todas las demás enfermedades son el resultado nocivo del trabajo interno realizado por parásitos, bacterias, virus u hongos.

Desde luego que no solo en la prostitución se recoge este tipo de gérmenes; pero es la actividad apropiada para esos contagios. También se pueden recoger gérmenes patógenos en las varillas de sujeción de un bus, en la manija de empuje del carro de un súper mercado, en una discoteca muy llena, en un templo atestado de feligreses, en un confesionario, en la manija de una puerta, en los trabajos relacionados con la manipulación de basuras, en los computadores de un café internet, en los audífonos públicos de un avión, en la ventanilla de un banco humedecida por sudores ajenos, etc.

Y hay algo bastante maluco: Un gran porcentaje de estos gérmenes patógenos que aún no están produciendo la enfermedad, ya son contagiables como tales. Así es que una mujer prepago, aparentemente sana, puede, inocentemente, llevar hasta su familia algunos de estos gérmenes, hasta sus hijos, hasta sus amistades, hasta sus novios y, lógicamente y con mayor razón, hasta sus nuevos clientes.